La Creatividad

La Creatividad por Olalla Iglesias.

La Creatividad

Es guay la sensación esa de que algo se está gestado dentro. Algo bonito que crece a la velocidad de la luz, alimentado por las conexiones que unen nuestras emociones a nuestros pensamientos y a nuestras acciones. Algo que no es capaz de frenarse, una proyección, un arranque, una fuerza cargada de energía. Es la chispa que acciona el movimiento en el molino. Algo que es necesario parir para que no cause frustración, para que no culmine en un pobre “y si…”

Creo haber encontrado un estadio intermedio entre el espacio y el tiempo, que me permite desarrollar mi creatividad como nunca antes lo había hecho. Creo que el punto es que estoy convirtiendo mi individualidad en mi “cuarto propio”. A mi individualidad, con la que muchas veces me peleo y a la que también acuso de mis miedos y males, le gusta, sin embargo, tener cuadros colgados en sus paredes, y una lámpara bien linda para alumbrar por las noches, con una alfombra mágica de colores cálidos y una ventana muy grande por donde entre el sol, se vea el mar, se escuchen los grillos y resbale alguna gota de lluvia de vez en cuando. En definitiva, a mi individualidad le gusta tener forma y a mí me gusta que me dé cobijo.

Y eso no solo me ofrece autonomía, libertad e independencia para ser y estar, sino que me da intimidad en una doble vertiente: la intimidad espacial, y la intimidad temporal:

– La intimidad espacial me permite saberme soberana de mí misma, asumirme conscientemente como un contenedor de contenidos innegociablemente válidos, dónde muchos son y serán de elaboración propia, convirtiéndose eso en el barro que me construye y no en el límite o resistencia que antes podía llegar a frenarme. Porque a veces eso pasa, tenemos miedo a materializar nuestra creatividad, porque juzgamos lo que cada una elabora en resultado como bueno o malo, nunca jamás nos paramos a observar el proceso de elaboración o a las variables individuales.

– La intimidad temporal se produce a través del diálogo con una misma, requiere de tiempo y paciencia, pero se adquiere al practicar la individualidad. Se remite a compartir con una, preguntarse y escucharse, responderse y otorgarse el cálido regalo del silencio y del sosiego. Creo que la espera no desespera si se convierte en intimidad temporal, esperar por una misma quizá sea el mejor regalo que nos podamos hacer.

Pues bien, jugar con la intimidad temporal y espacial, hacer malabares con ambas al libre albedrío es como jugar al escondite y salvar “por mí y por todas mis compañeras”. Donde mis compañeras son esas que siempre llevo dentro y que a veces freno o que ni si quiera conozco, esas que cuando ven un agujero a través del cual asomarse empiezan a bailar y tocar panderetas para que algo se agite en mí, esas que pintan lienzos de colores en mi imaginario y suenan como cantos de sirena embaucador en mi oído, esas que sin complejo me susurran y me suplican: “¡danos forma, déjanos volar, atrévete a ser creativa, somos tus ideas!”

Olalla Iglesias

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